La feminización de la pobreza y la igualdad de género: por qué el feminismo y el empoderamiento de la mujer es urgente.

Me preocupa cuando las mujeres, especialmente aquellas que tienen influencia, dicen que el empoderamiento femenino y el feminismo no son necesarios. Afirman, desde su burbuja, que las mujeres somos libres de elegir, de estudiar y de trabajar. Y eso no es cierto.

La feminización de la pobreza es cuando el género se convierte en factor determinante de pobreza debido a la exclusión y discriminación de las mujeres en cuanto al acceso a recursos, educación y empleo. La impresión generalizada de que la vida de las mujeres ha mejorado es una verdad a medias, porque aún en países de primer y tercer mundo las tasas de discriminación son notorias. Por ejemplo, el reparto de la renta no sigue las pautas de la igualdad de género, sino que las personas acceden al reparto de sueldos jerárquico por criterios de género (brecha salarial).

En países vulnerables y en situación de pobreza extrema el hambre, malnutrición, acceso limitado a la educación y servicios básicos, y la discriminación han incrementado la feminización de la pobreza los últimos años. Pero la desigualdad también ocurre en sociedades como las nuestras, donde el trabajo no remunerado, las cargas familiares y la falta de toma de decisiones son factores clave que perpetúan las desigualdades para las mujeres.

Las amas de casa, sin sueldo ni pensión, son uno de los colectivos más vulnerables de cara a la jubilación. El 80% de las personas que se dedican en exclusiva a las labores del hogar son mujeres, frente a un 20% de hombre (Fuente: El Mundo). «Comienzan la jornada al alba y acaban por la noche, aunque su horario es flexible y lleno de imprevistos: saben cuándo empiezan a trabajar pero no cuándo van a terminar. Dependen de si sus hijos llegan tarde a casa y quieren cena, o de si se les estropea la lavadora y tienen que echar horas extra esperando al técnico. Se encargan de las finanzas comunes, aunque son «las últimas» en la lista a la hora de cobrar los dividendos. Limpian, cocinan, hacen las compras y las cuentas, y, cuando toca, hacen también de enfermeras. A cambio no obtienen ninguna remuneración, no cotizan, dependen del sueldo de su pareja y, si no fuera por la pensión de su cónyuge, no saben de qué vivirían cuando se jubilen».

En resumen, esta es la vida de las amas de casa. Probablemente el empleo menos visible, más desagradecido y peor pagado de todos. Este colectivo vive en una especie de limbo económico: trabajan pero sin salario ni vacaciones y, al no cotizar, no tienen derecho a paro ni a una pensión de jubilación. Este es uno de los colectivos más desprotegidos porque está en desventaja con respecto al resto. No han cotizado lo suficiente durante su vida laboral y dependen de los sueldos de los cónyuges, a veces incluso del de sus hijos, por lo que su futuro es incierto.

Por otro lado, si las mujeres agricultoras tuvieran el mismo acceso que los hombres a los recursos y servicios productivos, como la tierra, el agua, los bienes y el crédito, podrían producir entre 20% y 30% más de alimentos. Esto significaría reducir en 150 millones el número de personas que sufren de hambre. Es por esto que la igualdad de género es el quinto objetivo de desarrollo sostenible de la #ONU (después del fin de la pobreza y hambre cero) que aboga lograr eliminar la feminización de la pobreza, lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas. Y es parte de la agenda 2030 de desarrollo sostenible para los próximos 15 años. Para lograrlo todo el mundo tiene que hacer su parte: los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil, y personas como tú y como yo.

Entregar estrategias y herramientas para promover el empoderamiento económico de las mujeres es clave para lograr la igualdad de género en el ámbito económico. La participación de las mujeres en actividades económicas puede lograr cambios positivos en sus vidas y sociedades, y es fundamental para reducir la pobreza. Erradiquemos también nuestros prejuicios. La lucha por la igualdad de trato, derechos, condiciones y oportunidades entre hombres y mujeres es más que una pelea de egos o narcisismo, va incluso más allá de la justicia y la ética. ¡Es una meta irrenunciable para el desarrollo sostenible!

Es hora de pensar colectivamente.

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